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Resumen

01/01/2005

Tsunami

gajcpinturazenb.jpgLa aldea de la montaña envuelta en niebla, pintura de Eitoku, época Muromachi.

La teoría pictórica o figurativa del significado plantea la hipótesis de que lenguaje y pensamiento tienen sentido y referencia porque son pinturas, figuras o representaciones de las cosas del mundo. Según esto, una "representación" sería una realidad que sustituye, imita o refleja a otra. El Guernika de Picasso, por ejemplo, representaría el paisaje de la población guipuzcoana después del bombardeo; El Niño de Vallecas, de Diego Velázquez, a la persona retratada; un mapa de las calles de Barcelona, pongamos por caso, al conjunto de calles de dicha ciudad; una partitura, a la música que podemos interpretar gracias a ella. La proposición "el maremoto acabó con la vida de cien mil personas" se refiere al estado de las cosas y nos dice algo acerca de ellas, cuadra con la configuración real de objetos en un estado de cosas; pero antes de esta proposición hubo otra oración que también representaba un estado (mucho más feliz) de las cosas: "el niño juega en la playa". El lenguaje, por tanto, decimos en estos casos, es pictórico; las oraciones son pinturas de estados de cosas. Cómo es posible que con el lenguaje o el pensamiento podamos referirnos a las cosas del mundo es una pregunta más en el umbral oscuro de las preguntas; en el fondo, esta pregunta también se refiere al estado de las cosas y nos dice algo de ellas, nos habla sobre ellas. Eso sí, su existencia no aplaca para nada la fuerza destructiva de las olas, no cambia el "sentido" del paisaje. Cuando el mar se retira definitivamente, mostrando la profundidad de las heridas, aprovechamos para construir nuevas oraciones que representen el estado de las cosas, elegimos sin tregua nuevas representaciones; pero lo que en verdad queda ante nosotros, después de la tragedia, es algo más que una simple desolación sin fondo. Si un cuadro, un mapa, una maqueta, una partitura, el lenguaje escrito o nuestro pensamiento, son representaciones de las cosas del mundo, entonces, podemos pensar, un calendario (presente en todo momento a estas alturas del año) es también una representación de un estado particular del mundo, una figura de una situación (en este caso, el tiempo) o un modelo de ella. Los signos numéricos, como otros signos, llevan en su seno la fuerza ambiciosa del futuro, la sombra de lo imprevisto, pero guardan, grabados en sí mismos, los restos más terribles del pasado; mejor, entonces, ignorar el calendario. ¿Cómo soportaríamos el eterno retorno de las fechas cuando, efectuado el recuento, comprobamos lo evidente de una ausencia? Aunque la imagen del satélite que representa la formación del tsunami tampoco servirá para aliviarnos miramos fijamente la figura buscando una razón que no se muestra; como pinturas, figuras o representaciones de las cosas del mundo, algunas fotografías acaban resultando verdaderas falsificaciones. Tras la observación, pasados unos segundos, la representación descubre el carácter cambiante de las cosas; las cosas, cuando el río de Heráclito rebosa, dejan de ser las mismas. En su nuevo ser renovado la representación sustituye, refleja o imita: el hablante pinta con palabras, decimos; el oyente, al escuchar, percibe cuadros. Pero la ausencia "representa" ahora la configuración lingüística del paisaje: el nuevo estado de las cosas. Y, a partir de este momento, recordará a la vieja representación ("el niño juega en la playa") como a una referencia carente de sentido, ahogada por las aguas desbordadas, aplastada por la arena de las estadísticas, asesinada por el calendario.
01/01/2005 03:23 #. Hay 2 comentarios.

08/01/2005

Islas

puestasolpujoltir.jpgA Javier el traje le queda perfecto. Ha engordado, sí, y se muestra mucho más impaciente, pero visto desde esta parte de la fotografía, justo en el lluent, el punto más luminoso, la parte central del lago (esa que los árabes describieron como espejo del sol), no podemos decir que las cosas le hayan ido precisamente mal. Javier abandonó el pozo de la adolescencia, el lugar de las hermandades selladas con sangre, en el momento justo (el tiempo preciso es siempre el momento justo), y ahora vive rodeado de agua en su propia isla: la Al Buhayra de los árabes, el pequeño mar de La Albufera. El cristal ya no refleja un rostro a punto de extraviarse; el agua ha cumplido su labor curativa. A Javier, ahora, el traje le queda perfecto.

Nos pasamos la vida entera buscando islas, islas desconocidas, islas de vacío y de sorpresa en medio de tempestades cotidianas, y algunos encuentran una isla apropiada para todos los días del año. Otros, en cambio, mudamos a menudo de isla o fabricamos islas temporales o islas artificiales, y también éstas sirven para engañar a la muerte y hacernos mucho más fuertes. Nadie entiende bien porqué pero, llegado el momento, no sabemos otra ocupación que seguir escudriñando islas.

Cuando Javier nos invita a navegar por el lago, la pequeña barca azul que nos transporta se transforma en una hermosa isla de madera. A bordo de la nave (vaixell vell, tot ple de cors ben joves) el pirata (o alguien que se parece una barbaridad al pirata) nos cuenta, con la mirada perdida, una historia de búsqueda y de islas.

"Les Illes Canàries en són set... (nos dice el pirata) i no obstant aixó, se’n busca una huitena. Es tracta de l’illa fantasma, l’illa de Sant Borondón. Segons un poema irlandés, Sant Borondón (Saint Brendan o Saint Brandan de Clofert), era un monjo del comtat irlandes de Kerry. Ordenat sacerdot l’any 512 dC, es va embarcar amb altres 14 monjos en una frágil nau i es va internar en l’Atlàntic, buscant la Terra Promesa dels Benaurats, les Illes de la Felicitat i la Fortuna.

Conta la llegenda, que durant el viatge van recollir tres monjos més, es van trobar amb dimonis que vomitaven foc, amb columnes de cristall flotant i amb tot tipus d’estranyes criatures.

Brendan i els seus companys van desembarcar en una illa plena d’arbres y de vegetació. De sobte, l’illa va començar a moure’s. Es tractava d’una gegantina criatura marina, sobre el llom de la qual es trobaven els monjos. Després de moltes peripècies, Brendan va aconseguir tornar a Irlanda."

No sé porqué nos cuenta esta historia. Quizá porque a él la adolescencia lo arrastró hasta las costas de Cádiz y a mí a las Islas Canarias, o quizá porque, en ese mismo momento, en el Puerto de Valencia, nos encontramos con el Benijofar (carguero de Santa Cruz de Tenerife) y todo parece desfigurarse en suaves islas de sueño. A bordo, todos entonamos El Himno al ocio (¡Faré vacances! ¡Faré vacances!) y esperamos una señal exacta para el camino de regreso. El pirata entona una vieja canción de Ovidi (que buscaba islas con nombre de mujer o con nombre de revuelta) y la arena que pisamos se torna fría como un recuerdo. Algunos encuentran una isla de sueños para todos los días del año. Nos pasamos –dice el pirata- la vida entera buscando islas, islas desconocidas, islas de vacío y de sorpresa, y ésta es mi isla.
08/01/2005 19:40 #. Hay 1 comentario.

15/01/2005

Asuntos de familia

Vestido bajando una escalera.jpgEduardo Arroyo, Hombre vestido bajando la escalera.

A Juan Goytisolo se lo dejaron bien claro nada más aterrizar en La Chanca. Es aquí –le dijo El Luiso, dando un rodeo hacia la Cuesta de San Indalecio, deteniéndose frente a una taberna. Mercamos un par de litros de tinto –aclaró El Luiso- y asín lo bebemos en familia.

En familia.

Cada vez que observo cierto pergamino amenazante ("tengo un plan", por ejemplo, o "tengo que contarte un secreto"), cierto manual de técnicas de desbarre charlatán y de negocio, doy media vuelta asustado, contrariado, y me refugio nervioso en el centro de la tierra. Utilizar el lenguaje, entonces, se vuelve para mí una traición inevitable, un último recurso de borracho. Hay que saber beber, me digo, sobre todo en familia; pero más importante si cabe, después, bajo los efectos de la resaca, hay que saber mearla. Lo siento mucho, pero no soporto a los patosos. Todos tenemos en la familia a un tío listo (a un cuerpo insoportable del delito) que no se cansa nunca de pedir a destiempo, de fingirse patán discriminado. Por eso El Luiso, ahora rescatado, se acicala imponente con sus mejores galas, y oportuno, como un gallo de pelea, se mosquea; porque todo, se dice, tiene un límite: pues que espere porque, si la sangre corre, no será la mía… Uno tié más paciencia que un santo –sentencia-, pero la paciencia también se acaba.

Por eso Manolo (y esto yo me lo invento) abrió su Crónica Sentimental de España con esta cita de don Antonio Machado (de su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua):

Nueva sensibilidad es una expresión que he visto escrita muchas veces y que acaso yo mismo he empleado alguna vez. Confieso que no sé, realmente, lo que puede significar. Una nueva sensibilidad sería un hecho biológico muy dificil de observar y que, tal vez, no sea apreciable durante la vida de una especia zoológica. Nueva sentimentalidad suena peor y, sin embargo, no me parece un desatino. Los sentimientos cambian a través de la historia y aun durante la vida individual del hombre. En cuanto resonancias cordiales de los valores en boga, los sentimientos varían cuando estos valores se desdoran, enmohecen o son sustituidos por otros. ¿Cuántos siglos durará el sentimiento de la patria? Y aun dentro de un mismo ambiente sentimental, ¡qué variedad de grados y de matices! Hay quien llora al paso de una bandera, quien se descubre con respeto, quien la mira pasar indiferente, quien siente hacia ella antipatía, aversión. Nada tan voluble y tan vario como el sentimiento. Esto debieran aprender los poetas que piensan que les basta sentir para ser eternos. Algunos sentimientos perduran a través de los siglos, mas no por eso han de ser eternos.

Según esto, la diferencia entre lo tuyo y lo mío no es más que una simple variación de ambiente sentimental. Hay más, mucho más (el supuesto incumplimiento de la ley, dicen, a la que sólo recurren cuando les conviene, y a la que no dudan en ningunear, o transgredir, cuando observan la alacena vacía ¿Vacía?); pero prefiero dejarlo en este punto. En fin, que no quiero parecer alarmista, pero que Dios nos coja confesados. Todo ello, y siempre, con la boina bien calada.

Vestido bajando escaleras.

Y que así sea.
15/01/2005 23:25 #. Hay 21 comentarios.

22/01/2005

Metáforas y signos

Las Kennigar.jpgLeif Eriksson, inmortalizado justo en el momento de descubrir América.

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La primera observación, la que me tiene preso (en la jaula del lenguaje) desde hace unas horas, me la proporciona Cristina Pereira (excelente su en torno a la metáfora) a propósito de tropos, aplicaciones y comparaciones tácitas:

¿Realmente –pregunta Cristina- se parecen tanto todas las cosas en el mundo como para que hacer metáforas sea simplemente hacer visible uno de los múltiples hilos invisibles que las unen como si el mundo fuese una tela de araña?

Tela de araña o jaula del lenguaje, el mundo se nos presenta como el milagro estético por excelencia, y no es de extrañar entonces que, a pesar de nuestras insuficiencias, tratemos de envolverlo, una y otra vez, en suave papel de regalo. Quizás la historia universal –escribió Borges- es la historia de unas cuantas metáforas. Aunque el viejo sabio argentino siempre supo de la existencia de alguien superior al travieso, al hechicero (ambos también creadores de metáforas), y que sólo los signos del semidiós o del ángel son los que transforman el mundo.

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De todas las Kenningar (según Borges, una de las más frías aberraciones que las historias literarias registran), mi preferida, sin lugar a dudas, es ésta (que nombra, sin nombrarlo, al corazón): dura bellota del pensamiento. Las Kenningar son las menciones enigmáticas de la poesía de Islandia, de las Sagas Escandinavas. Hoy, puedo decir, he disparado mi bellota sin miedo, como un arma arrojadiza; pero no me movía la suave marea del pensamiento, sino la más elemental llamada de la sangre.

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En el futuro –anunció Warhol- todo el mundo será famoso durante quince minutos. Quince minutos de gloria. He aquí el futuro.

José Ángel García Landa es Master of Arts en Inglés por la Universidad Brown (Providence, Rhode Island, USA) y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza. Actualmente trabaja en A Bibliography of Literary Theory, Criticism and Philology, una base de datos bibliográfica de libre acceso a través de Internet incluida en el Oxford Text Archive. Pues bien, en la citada bibliografía, bajo el epígrafe “Journalists” y según se aproxima uno al lugar alfabético destinado a la "b" (Directorio de autores. B.names/) puede leerse: Bustamante, Enrique. Das Mystische: La insoportable levedad del weblog.

Nunca antes me había visto reflejado en una bibliografía; ni tan siquiera se me había pasado por la cabeza tal posibilidad. ¿Serán estos mis quince, mis cinco, apenas mi par de segundos de gloria? ¿Será así el futuro?

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Mi alto linaje. Escrito en las paredes del recuerdo con signos analógicos. Otra de las muchas maneras de entender la identidad, el sentido de pertenencia.

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Cuando escribo sobre fútbol tengo siempre la sensación de estar cometiendo un pequeño pecado; aunque también es cierto que se me pasa enseguida. El fútbol es un excelente espejo de la vida, por lo que no está de más que los cachorros vayan familiarizándose con los borrosos conceptos de justicia e injusticia. Por ello, acepto con agrado que mi hijo juegue al fútbol; por ello y por algunas cuestiones más que ahora no vienen al caso. El fútbol –escribió Pasolini- es un sistema de signos, por lo tanto es un lenguaje. Pasolini fue capitán del equipo de fútbol de la Facultad de Letras de la Universidad de Bolonia; por aquel entonces era capaz de diferenciar la poesía de Riva de la prosa poética de Rivera o de la prosa de Mazzola. El fútbol, ahora como antes, es un sistema de signos, un lenguaje. El problema es que, ahora, la poesía queda siempre en manos de unos pocos; como en la vida misma. Y que los más –los económicos- viven como mercaderes enfundados en la prosa.

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Caminamos, también aquí, en la Red, como Suzanne en el verso de Leonard Cohen, among the garbage and the flowers, entre la basura y las flores. También aquí los paparazzi virtuales despliegan sus redes de pesca juzgando, más allá del bien y del mal, el fruto de nuestro trabajo. Las putas, los analfabetos y los obreros de la construcción les mostramos sin pudor nuestra intimidad, el olor pestilente de nuestra mercancía. Gracias a ello, el ángel semidiós se resiente: otra dosis exacta de Paroxetina hidrocloruro. Después de todo, esto resulta desoladoramente divertido.

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En Cincuenta años en la estela de Wittgenstein, Manuel Cruz, Catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona, cuenta cómo Wittgenstein estableció las condiciones para una nueva mirada, tanto sobre el mundo como sobre el pensamiento mismo. "No pienses, mira", repetía a sus alumnos, convencido de que el mundo merecía esa mirada virgen, absuelta de toda contaminación conceptual o traba ideológica, convencido de que el verdadero milagro estético era la existencia del mundo, es decir, que exista lo que existe. Cómo conseguir abandonar todo el veneno acumulado en forma de metáforas y signos a través de la historia es la única pregunta que merece, ahora, una respuesta. De momento, Manuel Cruz nos aconseja un mínimo de ideas previas y, sobre todo, no ponerlas por delante de lo que haya que pensar, como carreta delante de bueyes. En definitiva –concluye- no hagas caso de la vieja máxima. Atrévete a ignorar. Únicamente así terminarás por saber.
22/01/2005 00:23 #. Hay 8 comentarios.

29/01/2005

Efectos terapéuticos

cruc65ctt.jpgFrancis Bacon, Crucifixion, 1965.

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Lo único que se le puede pedir a la investigación, si es que en verdad esperamos de ella una función terapéutica, es la cura irrecusable de todas las variantes conceptuales de la imitación, la exclusión (por prescripción facultativa) del tumor degenerativo de la mimesis y de la copia.

Y decía que debía guardarme de renunciar a mí mismo por completo –escribe Thomas Bernhard en Corrección-, porque alguien que no piensa ya por sí mismo sus propios pensamientos sino con otro pensamiento que domina y admira, o que no admira sino que, compulsivamente, domina, corre continuamente el peligro de matarse, de quitarse la existencia, a causa de ese pensamiento continuo de otro en lugar del propio.

Éste sería, sin duda, un comienzo más que aceptable para una cura futura, definitiva; si no fuera porque, cada mañana, frente al espejo, uno escucha de sí mismo la vieja y gastada letanía: tus dudas, hermano, son mis dudas; tus contradicciones son mis contradicciones; tus paradojas son mis paradojas.

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Mis deberes, a los mandos de la máquina, van más allá de mí mismo y de mi única mirada subjetiva. Al otro lado, lejos de la feria de las ideas, alguien observa con perplejidad cómo se cruzan los caminos, cómo se comparten soledades, cómo, a pesar de la distancia infinita, también es posible el calor humano. Las deudas contraídas a través de la historia (la frontera de Portbou, las cenizas de Auschwitz) no nos redimen sin faltas del absurdo, pero entrelazan en silencio las distintas figuras del absurdo. La continuación llama a diario a la continuación, la conexión equivale a la conexión, la metáfora de la metamorfosis se justifica con ello. Todo el sentido que se le quiera dar a la búsqueda, a la investigación, se revela finalmente en una misteriosa línea quebrada, en una dirección de correo, en un gesto humano; puede ser tan sencillo como abrir una ventana tecnológica y no morir de frío en el intento, no perecer bajo los efectos del temido cambio climático. La pretensión humana, entonces, se eleva sobre un mapa de arrogancia; el fuego de la ansiedad sólo se apaga con lluvia de magia exacta. Al fin y al cabo (y de eso tratan estas líneas), un hombre busca a otro hombre siempre, en todo momento. A veces (pero éste no es el caso), sólo se busca a sí mismo, a su propia mirada subjetiva; otras, en cambio, debe compartir su soledad con cierta figura del absurdo.

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Que esta brevedad me recompense por tanta palabra maltratada.

Cuando me aburro –escupe Bernhard- o cuando, por alguna razón, atravieso un período trágico, abro un libro mío y eso es lo que más me hace reír... se trata de un programa cómico filosófico que de algún modo inauguré hace veinte años, cuando empecé a escribir.

Mi médico de cabecera (un hombre gris) nunca me habría recomendado una terapia tan eficaz.

Que la risa (o lo que quede de la risa después de este diario) me justifique al menos la pérdida de tiempo.

Por cierto: hace un día de perros.

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Que la experiencia estética era esto, que el arte, sin duda alguna, era esto, es algo que se intuye al comienzo de la investigación, en las primeras horas de travesía, pero que acaba olvidado sin remedio con las postreras (y dudosas) tentativas; que se acaba perdiendo sepultado, vencido, invisible e ignorado, bajo capas y capas de inmundicia.

Escribe Samuel Beckett:

Se ha hecho lo imposible para que elija. Para que tome partido, para que acepte a priori, para que rechace a priori, para que deje de mirar, para que deje de existir, delante de una cosa que simplemente habría podido amar, o encontrar fea, sin saber por qué.

En algunas ocasiones, la investigación consigue el efecto contrario al deseado. En el fondo, ese sin saber por qué era todo, y no queda más, ahora, que recobrar lo perdido.
29/01/2005 12:27 #. No hay comentarios. Comentar.


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